ZEN

¿QUE ES EL ZEN?

El Zen es ante todo la práctica de zazen: sentado de cara a la pared, concentrado sobre la postura, la respiración tranquila y el espí­ritu claro. Zazen es la vuelta a la condición normal del cuerpo y del espí­ritu, la condición original. Es una experiencia única: la comprobación í­ntima de la no-dualidad, más allá de la religión, más allá de los conceptos, más allá del lenguaje. Hablar del Zen es una empresa paradójicamente, es como intentar describir el sabor de una manzana a alguien que nunca ha probado una. El Zen es conocido en Occidente desde principios de siglo. La sutilidad de sus koans y la pureza de su estética suscitaron un fuerte entusiasmo en cí­rculos intelectuales. Pero este entusiasmo, no pudo cuajar en una práctica auténtica, no pudo traspasar el umbral de la curiosidad intelectual o artí­stica. Fue necesario que un gran maestro viniera para transmitir directamente la realidad profunda de esta enseñanza milenaria. En 1967, el Expreso de Oriente depositaba en Parí­s al Maestro Deshimaru.

El Zen se convertí­a cada vez más para los discí­pulos en una realidad vivida. Nacido en Saga en 1914, muerto en Tokio en 1982, Maestro Deshimaru practicó el zazen durante cincuenta años. El Maestro Kodo Sawaki de quien fue discí­pulo, permanece en la historia como el gran reformador que supo volver a las fuentes de la enseñanza más pura del Maestro Dogen, fundador del Zen Soto en Japón en el siglo XIII. Fue el Maestro Kodo Sawaki quien dio a Taisen Deshimaru la transmisión y le indujo a viajar a Europa para enseñar el zazen. Durante los quince años que vivió en Parí­s, el Maestro Deshimaru creó un centenar de dojos y grupos de zazen repartidos por los cuatro continentes y fundó el primer gran templo de Occidente: La Gendronninre, y la Asociación Zen Internacional. Con la ayuda de sus discí­pulos publicó numerosos libros y diversas publicaciones periódicas. También mantuvo excelentes relaciones con eruditos, artistas, terapeutas de todos los paí­ses y contribuyó de manera importante al encuentro entre Oriente-Occidente, que consideraba como una de las grandes esperanzas de nuestra época. Con la introducción del Zen en nuestra civilización, deseaba ayudar a la humanidad a superar la crisis que atraviesa. Después de su muerte dejó una Sangha de varios miles de discí­pulos profundamente impregnada en su enseñanza. La esencia de esta enseñanza es simplemente sentarse en la postura justa, más allá de todo apego, de todo formalismo, de todo dogmatismo: abandonando la idea de ganar o perder, abandonando el cuerpo y el espí­ritu, la solución última de todos los dualismos.

Es esta práctica, del verdadero Zen transmitido que sus discí­pulos continúan enseñando. Todas las actividades de la Sangha del Maestro Deshimaru están centradas en la práctica del zazen, práctica cotidiana en los numerosos dojos que ya existen y en los que continúan creándose, práctica más intensiva que se desarrolla en sesiones, durante todo el año, en todos los dojos y en el templo principal de la Gendronninre. El Zen se remonta a la experiencia del Buda Shakyamuni que realiza el Despertar en la postura de dhyana (zazen), en India en el siglo VI a. de C. Esta experiencia se transmitió después ininterrumpidamente, de maestro a disí­pulo, formando así­ la lí­nea de transmisión del Zen. Después de un desarrollo de mil años en India, el monje Bodhidharma lleva esta enseñanza a China, en el siglo V d. de C. El Zen bajo el nombre chino Chúan, conoció entonces una gran expansión en este paí­s y encontró un terreno favorable para su desarrollo. Es sobretodo durante este perí­odo que el Zen afirma su originalidad y la pureza de su práctica. En el siglo XIII, el monje japonés Dogen, después de una estancia en China, lleva el Zen al Japón. Fundador de la escuela Zen Soto, el Maestro Dogen está considerado como el más grande filósofo del budismo (junto a Nagarajuna en India en el siglo II). El Zen influirá profundamente toda la cultura japonesa, más de 20.000 templos dan testimonio hoy de este esplendor. En el siglo XX, Occidente comienza a interesarse en el aspecto filosífica del Zen; mientras, al mismo tiempo en Japón, el Maestro Kodo Sawaki daba un impulso a una práctica muy debilitada.

A la muerte de Kodo Sawaki, su sucesor, Taisén Deshimaru, vino a Francia a traer a Occidente la esencia de esta enseñanza, a semejanza de Bodhidharma cuando fue a China hace mil quinientos años. SESSHIN Desde los orí­genes del Zen, desde la época de Buda Shakyamuni, las sesshin son el corazón de la vida de los monjes y laicos zen. Una sesshin es un perí­odo intensivo de práctica del zazen y kin hin se suceden continuamente. Sólo interrumpidos por las comidas, conferencias, trabajo fí­sico y un tiempo de sueño relativamente corto. Las reglas de la sesshin son muy estrictas, el espí­ritu siempre debe estar concentrado, atento, silencioso, en todas las actividades. El Zen es la enseñanza de la eternidad, eternidad que es la sucesión de un dí­a. Practicando este programa de un solo dí­a podemos realizar la revolución fundamental de nuestra vida, cambiar radicalmente nuestro propio espí­ritu, y estas reglas de un dí­a o una noche se convertirán entonces en la fundación de la práctica para toda la vida. Estad atentos, disponibles en cualquier momento, afilad vuestra intuición mejor que la espada más fina. Sólo entonces estaréis en la Ví­a. HISHIRYO Y MUSHOTOKU Hishiryo es el inconsciente del Zen. Shiryo es el pensamiento. Fushiryo el no pensamiento. Pero Hishiryo es el pensamiento absoluto, más allá del pensamiento y del no pensamiento, más allá de todos los problemas de la conciencia personal. Es nuestra naturaleza original, o naturaleza de Buda, el inconsciente cósmico. Cuando el mental se vací­a, el intelecto está en calma, nada viene a detener la corriente de vida profunda, intuitiva, ilimitada que surge de lo más profundo de nosotros mismos. El espí­ritu contiene todo el cosmos. La conciencia es más rápida que la velocidad de la luz. Sentados, sin meta ni deseo de obtención, se puede comprender hishiryo y mushotoku, secretos de la esencia del Zen. Pero la comprensión debe ser diferente de la del sentido común o la del intelecto. Es percepción directa. Mushotoku, secretos de la esencia del Zen. Pero la comprensión debe ser diferente de la del sentido común o la del intelecto. Es percepción directa. Mushotoku es no-provecho, no-deseo, no-miedo. Es el principio esencial. Dar sin esperar recibir. Abandonar todo sin miedo a perder. De la misma forma que el artista debe entregarse completamente sin preocuparse de alcanzar la gloria, la belleza, la riqueza para expresarse en una obra hermosa, pura, auténtica; de la misma manera el discí­pulo obtendrá la sabidurí­a si abandona toda idea de provecho personal. Si abandonáis todo, obtendréis todo. Hishiryo y Mushotoku son en si el arte esencial de zazen. Pensar sin pensar, escribió el Maestro Dogen, ¿cómo se piensa sin pensar? Debemos pensar desde lo más profundo del no-pensamiento. Esto es la conciencia cósmica, la conciencia hishiryo. Nuestros sentidos y nuestra conciencia personal no lo pueden aprender, las categorí­as no lo definen, las palabras no lo explican. Sólo se la puede abrazar por la experiencia vivida.

LA PRACTICA DE ZAZEN ES EL SECRETO DEL ZEN

Zazen es difí­cil, lo sé. Pero, practicando con regularidad, es muy eficaz para ensanchar la conciencia y desarrollar la intuición. Zazen no sólo libera una gran energí­a, es una postura de despertar. Durante su práctica no hay que buscar conseguir algo, sea la que sea. Tres puntos son fundamentales: la concentración sobre la postura, la respiración, la actitud del espí­ritu. Maestro Taisén Deshimaru LA POSTURA Sentado en el centro del zafu (cojí­n redondo y espeso, tradicional), se cruzan las piernas en loto o medio-loto. Si se tiene alguna imposibilidad, simplemente se cruzan las piernas delante de sí­, pero es esencial apoyarse en el suelo con las rodillas. La pelvis debe balancearse hacia delante a la altura de la quinta vértebra lumbar, de esta gorma la masa del cuerpo se lleva hacia delante, aligerando la columna vertebral que debe estar bien derecha, tensa, como si quisiéramos empujar el cielo con la cabeza y el suelo con las rodillas. El mentón entrado, la nuca estirada, la nariz alineada verticalmente con el ombligo, los hombros caen naturalmente. La boca está cerrada, sin crispación; el extremo de la lengua toca el paladar detrás de los dientes de arriba. Los ojos están entornados, la mirada puesta, sin fijarla, un metro delante de sí­. No se mira nada, aunque intuitivamente veamos todo. Las manos descansan contra el abdomen, con las palmas hacia arriba, la mano izquierda apoyada sobre la derecha. Los pulgares horizontales, se tocan por los extremos con una ligera presión, no deben ni remontar ni caerse. La posición de las manos constituye de esta manera un punto de referencia para la concentración. LA RESPIRACIÓN La respiración zen tiene un papel principal, no es comparable a ninguna otra. Tiende sobre todo a establecer un ritmo lento, poderoso y natural, basado en la expiración. Esta debe ser tranquila, larga y profunda, ejerciendo sobre los intestinos un empuje hacia abajo. La inspiración viene a continuación automáticamente al estar los pulmones vací­os. La concentración sobre la expiración desarrolla una gran energí­a en la cintura, los riñones y la cadera. El centro de la energí­a no está en la cabeza o en el corazón, sino en el hara, o kikai tanden océano de la energía, centro vital situado bajo el ombligo. Por la práctica de zazen, esta respiración, poco a poco, se vuelve un hábito en la vida cotidiana y también durante el sueño. Se puede recurrir a ella en momentos difí­ciles para controlar las emociones y tranquilizar el espí­ritu.

LA ACTITUD DEL ESPÍRITU

La actitud del espí­ritu se origina naturalmente de una profunda concentración en la postura y en la respiración. Durante zazen el cortex descansa y el flujo consciente de pensamientos se agota. Mejor irrigado el cerebro profundo se despierta. El sistema nervioso está relajado, el cerebro primitivo en plena actividad. Se está receptivo, atento al máximo con todas las células del cuerpo. Se piensa con el cuerpo, inconscientemente sin usar energí­a. No se trata de querer detener los pensamientos lo cual serí­a todaví­a pensar- sino de dejar pasar como nubes en el cielo, como reflejos en un espejo, sin oponerse ni apegarse. Así­ pasan y se desvanecen. Las imágenes se elevan del subconsciente, después desaparecen. El mental se calma liberándose poco a poco el inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todo pensamiento, hishiryo, verdadera pureza. KIN HIN Kin hin se practica en el dojo durante algunos minutos en medio del zazen. Zazen y Kin hin se corresponde perfectamente, uno para la inmovilidad, el otro para caminar. Kin hin es la fuente del movimiento. La postura de cintura para arriba, la respiración y la actitud del espí­ritu son las mismas que en zazen: el mentón entrado, la nuca estirada, la columna vertebral bien derecha y la mirada puesta naturalmente delante de sí­ sin fijarse en algún objeto en particular. El pulgar izquierdo está encerrado en la mano izquierda formando un puño, que se coloca sobre el plexo solar. La mano derecha envuelve el puño de la mano izquierda. Los antebrazos están paralelos al suelo, los hombros sin tensiones. Se avanza con la pierna derecha medio paso; a la vez que se expira profundamente, se apoya sobre el suelo con la planta del pie: más precisamente con la raí­z del dedo gordo como si quisiéramos dejar una huella en el suelo. Hay una profunda relación entre este extremo del pie y el cerebro. A medida que vamos expirando, la pierna que está delante se tensa desde el dedo gordo del pie hasta la cadera, la otra pierna permanece sin tensión; las dos manos se cierran presionando fuertemente una contra la otra a la vez que se presiona sobre el esternán, con energí­a pero sin crispación. Cuando la expiración llega a su fin, se relaja todo el cuerpo, y la inspiración se produce naturalmente. Se cambia de pierna, avanzando la pierna izquierda medio paso, y se recomienza de nuevo, dejando la pierna derecha, de apoyo, sin tensión. Es un caminar ritmado por la respiración, en la que se alternan tensión y relajación. Igual que durante el zazen, se dejan pasar los pensamientos. Como zazen, kin hin es un método de profunda concentración. Entrenando la estabilidad de la energí­a, desarrolla una gran dignidad.